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elpoetaenelvagon

 

Babeando vino, el decadente padre Román se balancea por la calle, caminando serpenteantemente. Olvidado, viejo y excomulgado, nada le queda mas que la botella, eterna compañera. Atrás quedaron los gloriosos días en los que arengaba briosamente a los feligreses, y las multitudinarias manifestaciones por la ciudad, y las largas horas confesando. Román ahora avanza hacia un precipicio. La polidipsia le consume y le hace consumir grados desenfrenadamente. Se apoya en las farolas y luce el sobrenombre de “rey de las bocas de metro”; hace tiempo que se cayó del púlpito. Sufrió el escarnio de retornar la sotana y enfundarse en la raída gabardina, manchada ahora de vómitos y licor. Llora desconsoladamente y se sabe despreciable; la barba hirsuta no invita a una conversación con él, ni sus zapatos rotos de tan desgastados, ni…
Román es así, siempre lo fue. Pretendió ocultar su faceta de lobo estepario bajo la zurra, pero más tarde que temprano afloró ese instinto bohemio, y cayó al suelo el disfraz, y empezó el carnaval.
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1 comentario

plectrude -

Al final a tod@s se nos cae el disfraz
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