Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006.

03/04/2006

Batalla interior

 

 

Otra vez solo. Empieza la batalla. Sin descanso, ideas utópicas asaltan la muralla de mi cerebro racional. Tenazmente prueban a ocupar el torreón vigía de pensamientos  peligrosamente libertarios. No cesan de apoyar escalas de mano contra el muro de los prejuicios. Pretenden dar el golpe mortal al cientifismo que me ata, anegar el foso en el que estoy preso y arrancar de cuajo los barrotes que me enclaustran. Limitado por el empirismo, resisto los embates del torreón de asalto, coronado por una llama que siempre arde. El portón descartiano sufre a un ariete insistente que amenaza con demoler de una vez por todas mis tristes, carcas, retrógadas, contrarrevolucionarias teorías medievales. En mí se da una lucha sin cuartel: ¿ganará el pensamiento sencillo y comodón del cientifismo o, por el contrario, vencerán las novedosas y oxigenantes tesis libertarias?
03/04/2006 17:46 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

 

Diario de un loco enamorado

I

Sabes cual es mi debilidad y eso te permite jugar conmigo. Ayer y hoy y mañana, siempre duele, el alma sangra a borbotones. ¿Porqué esa crueldad, ese instinto felino potenciado al máximo? ¿Porqué ese mirar por encima del hombro mientras parpadean tus luceros tentadores fugazmente? Es tu embriagadora y sensual mirada la razón de mis delirios, de mis ansias de superación, de mis sueños desquiciados. Con tu mirada me envuelves y sometes; sin cuartel ni piedad me haces tu incondicional esclavo. El brillo de tus ojos significa a una vez sufrimiento y placer, sol y luna; son reflejos de un revuelto de sentimientos. Ámame o destrúyeme. Ya.

II

Hay diosas que saben hacerte mirar hacia arriba  mientras te sonríen con complicidad, te apartan tocándote con las puntas de los dedos y te susurran, ambos bajo tu paraguas, un no al oído.
Al verla los nervios te delatan, y no sabes si es porque coincide luna llena con lluvia de estrellas fugaces, o porque tu sonrisa insinuante empareja bien con su guiño pícaro, o porque supiste leerle un futuro común en la mirada. Siempre dudas, siempre.

03/04/2006 17:46 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

04/04/2006

III

Inolvidables labios gruesos, de intenso carmín tiznados, que son tentación mil veces consumada; pasión y lujuria alimentadas por unos seductores pomelos húmedos, manzana prohibida de provocación y mi pecado reincidido. De beso intenso y profundo, en el que me pierdo, inevitablemente y sin marcha atrás. Eternamente entreabiertos, a la vez muestran y esconden una hilera de inmaculados dientes, razón de insomnio y poesía, erotismo y ternura, ilusión y suicidio.

04/04/2006 12:44 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

07/04/2006

La ciudad dormida

 

A aquellas horas toda la ciudad estaba dormida. Era de madrugada, me habían echado a patadas de un bar por pelearme con un viejo decrépito que me había mirado mal y ahora vagabundeaba por las desiertas calles, pisando los charcos de meada de gato. El barrio estaba silencioso; tan sólo se oían de vez en cuando los maullidos de los gatos peleándose o copulando entre los cubos de basura. Un perro con llagas en la espalda se cruzó en mi camino y me tropecé con él; le di una patada y seguí mi camino hacia no sabía dónde.  El perro aulló tristemente y se escondió bajo un coche que allí había.

Al llegar al parque vi a una mujer joven tumbada bajo uno de los bancos, durmiendo entre sus vómitos y con el pelo lleno de suciedad y hojas que había arrastrado el viento hasta ella. Me acerqué. Era bonita; el maquillaje le embadurnaba toda la cara a modo de pintura de guerra india, por lo que debía haber estado llorando, pensé. Rebusqué en su bolso algo que me permitiera saber donde vivía, para así poder llevarla allá, pero no había nada: ni documento de identidad, ni permiso de conducir, ni dirección, nada. El bolso estaba vacío, alguien le había robado todo. Le sacudí con el pie varias veces para que despertase, y no lo conseguí. Coño, tuve que llevarla a cuestas hasta mi apartamento, a una hora por lo menos del parque. Semejante esfuerzo bien merecía un premio, por lo que al llegar a casa la tumbé en mi cama, la desnudé de sus pestilentes ropas, que lancé a un rincón, y la penetré lentamente; mientras, ella gemía en sueños, pero lo hacía al compás de mis arremetidas. Al cabo de unos minutos, ya no aguantaba más: entre el sabor a vómito de su boca y mi olor a sudor era imposible concentrarse en lo que uno estaba haciendo, así que lo dejé y me dormí a su lado, tan rendido estaba.

Al despertar ella ya no estaba conmigo; se había ido. Decididamente, mi suerte era lo más parecido a una estrella fugaz. Fui a ducharme, deseando que por una vez el agua me liberara no sólo de la roña que cubría mi piel y taponaba sus poros, sino también de esa sensación que me oprimía y que me hacía llamarme acabado y degenerado. Las mañanas eran el peor momento del día; uno se ve como realmente es, una mierda, un trozo de carne que se pudre lentamente en este cementerio de sueños, ciudad. Me acerqué después en pelotas a la cocina, a prepararme algo para desayunar; pero el desayuno ya estaba hecho, y aún humeaba. Bajo la taza de café había una nota escrita: “Eres un cerdo, pero me ayudaste. Llámame: 555 673 98. Carmen”.

 

 

07/04/2006 08:41 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Destruir para crear

 

Me arroparé con las pieles de la última foca ártica; me bañaré, indiferente, en un mar de orina y desperdicios, y salpicaré a todos aquellos que me miren y susurren a mis espaldas; sonriente, donaré sangre con el VIH; no habrá embarazo sin aborto; la vejez será extinta; desalinizaré todo el mar para verte el agua en el desierto; construiré una aputopista de ocho carriles que atraviese, serpenteante, todo la selva amazónica; avivaré la hoguera arrojando a las llamas plumas de quetzal y cadáveres putrefactos de niños sodomizados.
            Soy la transgresión corporizada, su sublimación y máximo exponente; la libertad liberticida que sacude al mundo, su manzana más mortífera, su conciencia más depravada y degenerada.

 

07/04/2006 08:45 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

10/04/2006

Aquello que siempre esperé que me dijeran

 

Basta. Odio tus lloriqueos estériles e infantiles. No quiero lágrimas ni penas. Relativiza el dolor, superarlo es fácil. Ella se ha ido, y qué. Entiendo que te abandonara, y entendería que tú hubieras hecho lo mismo. Ahora deja de arrastrarte por el barro como un perro, deja de lamentarte de tu mala fortuna y de suspirar por las esquinas. Tu alma en pena no me conmueve, es patética. Tus sollozos de pusilánime te enquistan en la depresión más estúpida. Todo lo que hubo es nada. Nada. Borrón y cuenta nueva, ¿sabes lo que es eso? Salir del pozo de amargura en el que tú mismo te has dejado caer, levantar el vuelo y enorgullecerte de no ser tan imbécil como para ansiar volver a su lado. Sufres esa típica desesperanza encarrilada por canciones cutres y sensibleras. Apaga la radio, escúchame, mírame. Yo soy más que ella, más que cualquier otra que jamás hubieras soñado. Estoy aquí por y para tí. Hazme tuya.
10/04/2006 11:22 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

Tres casquillos

 

Tres casquillos descansan a su lado; la escopeta atronó tres veces, seguidas, sin miedo ni duda. Tres vidas segadas con una facilidad espantosa, demoníaca. Tres son tantas. Tres son tan pocas. Una guerra acaba con más de tres, un ejército tiene más de tres, una familia… una familia ha sido eliminada de un suspiro, en un decir Razón. Pero qué razón puede entender que tres proyectiles atraviesen piel, carne, venas, ilusiones, proyectos y sueños. Tres casquillos para tres extinciones en masa de sentimientos y pasiones. Tres mortíferas estampidas y tres cuerpos caídos en el patio, ya estadísticas, números, datos. Tres tristes balas, tres, no más. Qué importan tres, qué. Nada. Y todo. Nada ellas, todo quienes ahora las albergan en su seno. Seno acribillado, partido, que acoge el fruto del anterior acogido.

 

10/04/2006 18:53 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

23/04/2006

 

Cuando la sensibilidad murió, nació la sensiblería. Y con ella la Sociedad del Espectáculo en la que todo son arias mientras para el vulgo no haya cacofonía.

23/04/2006 00:39 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

26/04/2006

 

Algarabía y gritería general. Juegan a chillarse histéricamente en la catarsis de la selvática zapatiesta, sus manotazos fréneticos al aire refuerzan la posición dominante en la que se encuentran. Entre la maraña y enredo de papadas excesivas y brazos de pelo desgrañado, se intuyen perfectas y blanquísimas dentaduras, siempre sonrientes, siempre dirigidas hacia la tribuna.
La comicidad de la situación impide tomarlos en serio, a su pesar. Sapientísimos simios debatientes debatiendo sobre sus aireados derechos humanos. Provoca hilaridad, y pena, después.

 

26/04/2006 17:43 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

28/04/2006

 

Se le acercó por la espalda. Sin duda era consciente de la locura que le dominaba y la timidez que le atenazaba, pero estaba resuelto a dar un paso al frente y presentarse voluntario para militar en la guerra del amor. Necesitaba inhalar y expirar sin prisa pero sin pausa, como si participara en aquellos seminarios de yoga de la tía Luisa; después, ya más calmado, le hablaría. Sin ambages, sin tartamudear. Le costó imaginarse a sí mismo sometiéndose a alguien, quien fuera, pero se obligó a honrarse con su valentía. Con caballerosidad se conquista un reino, recordó entonces. Pero enseguida surgió otro recuerdo del pasado, el de cura Román sermoneando acerca de aquello de “mi primogenitura por un plato de lentejas”. Sacudió la cabeza, desechando esos pensamientos. Ya sólo estaba a diez pasos de ella; de ellos, sus antiguos amigos y camaradas, le separaban años y peleas, por ella.

Entonces lo vio claro. La alcanzó y, posándole una mano en el hombro, le preguntó si tenía fuego.

 

28/04/2006 09:57 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

 

No sintió miedo. La venda que le cubría los ojos le impidió ver cómo una escopeta de cañón recortado le apuntaba, amenazadora, a la cabeza. A menos de dos palmos, el arma prometía escupir metal y fuego. Se preguntaba qué pasaba, mientras escuchaba la música clásica que sin descanso atronaban los auriculares que tenía encasquetados a los oídos. Por ello no advirtió el amartillar del arma y no sintió miedo.

Tres segundos después, la música cesaba de golpe y su masa gris encefálica barnizaba la pared.

 

28/04/2006 10:04 Autor: elpoetaenelvagon. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.


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